Y pronto tampoco ganaremos para gustos.
Mientras que los salarios en España pierden poder adquisitivo año tras año, (nada menos que un 4% en la década que va de 1995 a 2005) vivimos en pleno boom de beneficios espectaculares para las empresas y nos rodean mensajes de euforia y optimismo macroeconómico, por mor del crecimiento sostenido de nuestra economía, muy por encima de la media europea.
Esto no es un hecho producto de la globalización, no se vayan a creer, que ahora a todo lo que pasa se le cuelga el sambenito ese y cuela; ¿que cierra una fábrica de calcetines en Cuenca? Pues normal, con lo de la globalización y los chinos ya se sabe. Pues no, oiga, que va a ser que esta caída de los salarios es original y autóctona de nuestro país, como la tortilla de patatas o el vermú de los domingos: no hay ningún otro país en la OCDE en el que haya sucedido esta aparente paradoja.
Y digo aparente, porque una cosa se relaciona con la otra, los enormes beneficios empresariales han venido de la mano de años y años de mensajes constantes apelando a la moderación salarial, a IPCs claramente irreales y a fusiones y reestructuraciones que han enviado a miles de personas a la jubilación anticipada, al paro, o al limbo de los mileuristas (algunos ni eso, al purgatorio de los cientopocoeuristas). Más o menos, la cosa se mantenía en sordina, gracias al precio históricamente bajo del dinero, que permitía afrontar (también más o menos) el desorbitado y catastrófico aumento del precio de la vivienda que tantos millones ha permitido ganar a bancos, inmobiliarias, constructoras y políticos corruptos.
Más, ay, la cosa se desploma: el euríbor sube 0,13 puntos, hasta el 4,505%. Eso quiere decir que las familias, que ya estaban endeudadas muy por encima de lo aconsejable, soportan un peso económico cada vez mayor al afrontar la compra de una vivienda, con lo que los bancos han cambiado de estrategia comercial y han endurecido las condiciones para la concesión de hipotecas.
Pero esto no evita que las temidas revisiones de la cuota, se hayan convertido en una pesadilla para muchísimos españoles, a los que solo mentarles la palabra euribor, les provoca taquicardias y desvanecimientos, mientras que las constructoras, conscientes de que el negocio ha tocado fondo, huyen despavoridas e invierten los estratosféricos beneficios de la última década, buscando refugio en las eléctricas (agarrense que la pesadilla promete una vuelta de tuerca aún más terrorífica), sabedoras del potencial de crecimiento que aún tienen. ¿Recuerdan el amago de subida del ministro Clos que abortó Zapatero hace unas semanas? Pues eso.
¿ Y qué van a hacer con los centenares de miles de trabajadores que han estado poniendo ladrillos estos años? Adivinen. Igual encuentran hueco de mercado como rickshaw, aprovechando que los han prohibido en la India, se podrían poner de moda en nuestras turísticas playas y ciudades y de paso ahorramos en gasolina, que pronto tendremos que pedir la ampliación de hipoteca para llenar el depósito. (¿Se acuerdan?, Ana de Palacio:«En el desarrollo de la guerra contra Iraq hay algunos indicadores que son relevantes. Las bolsas han subido y el petróleo ha bajado. Ya los ciudadanos pagan unos céntimos menos por la gasolina y el gasóleo. Eso son datos».)
Y Fidalgo mientras, de charleta en las FAES.
P.D. ¿Alguien recuerda a Rajoy preguntándole por estas cosas al presi en el debate del estado de la nación? Será que estas cosas no interesan a los españoles.
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