Y ¿dónde está Sara? Solo por no escribir una interminable y desgraciada lista de niños desaparecidos en nuestro país y que no han merecido ni la centésima parte de la atención mediática que se le ha dispensado al macabro caso de Madeleine Mc Cann.
Será porque los niños españoles no tienen glamour, o porque, en la mayoría de los casos, pertenecen a un estrato social que no levanta pasiones entre futbolistas de alcurnia o gerifaltes eclesiásticos, pero el caso es que estos niños no solo han desaparecido de sus hogares, también lo han hecho de las televisiones, los periódicos, las radios y los blogs de internet, entretenidos como estamos elaborando teorías, a cual más rocambolesca, a cual más morbosa, sobre si los padres de Madeleine mataron o no a la pobre niña.
Así seguimos entre pelos y muestras de sangre, entre tertulianos pro-sepasaronconelsedante y tertulianos pro-sepasaronconelbofetón, entre criminólogos de salón de peluquería y andamio que pontifican sobre adn y programas marujeros de tv. que explotan el filón sin asomo de escrúpulos y cabeceras de prensa “seria” que dedica portadas y reportajes dominicales a elucubrar sobre el tema.
Y mientras, al ladito de nuestras casas, centenares de familias españolas se preguntan ¿qué tendrá Madeleine que no tengan sus hijos? ¿acaso hay que ser inglés y de clase alta para que te reciba Rubalcaba? ¿O es que le duele más al papa de Roma la desgracia de los Mc Cann que la de los Vargas?
¿Será que duele más perder un hijo mientras estás de vacaciones que se te lo lleven de la puerta de casa?
¿O será que, como casi siempre en este mundo multimedia que nos hemos inventado, lo que cuenta es el share?
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