Como todos ustedes saben, o deberían saber, que para eso el estado y sus papás les dieron estudios, existe una secta derivada del judaísmo, que en los últimos 20 siglos se ha hecho muy popular.
A lo largo de estos siglos, y por motivos que van desde la política macroeconómica a los líos de cuernos entre reyes británicos, pasando por desavenencias sobre vírgenes que dan a luz y se van al cielo (sic), esa secta se ha ido dividiendo en sectas algo menos grandes, pero bastante populares de todas formas. En general, al común de las sectas de las que hablo, se les ha dado el nombre de cristianismo en recuerdo de su presunto fundador Jesús Cristo (no confundir con Ángel Cristo, ese es muy posterior), pese a que existen serias dudas históricas sobre su vida y más aún sobre su muerte, y que, al parecer, el auténtico fundador fue un tal Paulo varias décadas después de la muerte del susodicho.
De todas esas sectas hermanas (o hermanastras), la más popular es la católica, supuestamente (según insisten ellos) es la depositaria del verdadero mensaje del fundador, además de tener línea directa con un ser imaginario al que llaman dios (Yaveh en el original judío), responsable de la creación de cielo, tierra, seres humanos y otros bichos de la naturaleza y con la mala leche suficiente como para arrasar ciudades, inundar mundos y engendrar un hijo en el vientre de una virgen a través de una paloma que era el espíritu santo. (Lo sé, yo tampoco lo entiendo muy bien, pero así son las cosas y así las hemos contado). Tanta es la mala leche que se le supone a ese ser que hasta le han presentado una denuncia en EEUU, Maripuchi se hace eco, aquí.
El caso es que el catolicismo, a través de su multinacional franquiciada, ha legado cosas tan importantes a la humanidad como la inquisición o el santoral, extremadamente útil este último si eres rey de España o aspiras a serlo y no sabes que nombre ponerle a tus descendientes.
Y el santoral amiguitos, como su propio nombre indica, es una recopilación de personajes con una dilatada y contrastada labor en defensa de los valores cristianos y sus enseñanzas éticas, a los que en reconocimiento de sus méritos para la humanidad la iglesia católica les nombra santos, algo así como un premio Nobel, pero a lo bestia y con puesto en el palco VIP del paraíso, que parece ser que está (el cielo digo) más allá de la atmósfera terrestre. El único requisito es que estos santos realicen algún milagro que contradiga abiertamente las propiedades de la física que todos conocemos, algo por lo demás, muy frecuente en la iglesia católica, en donde están acostumbrados a ver prodigios que dejarían alelado al propio Houdini.
Ejemplos de esas vidas intachables llenas de virtud y moral podrían ser por ejemplo las de Santiago el matamoros, patrón de España cuyo sobrenombre considero innecesario explicar, o Josemaría Escrivá de Balaguer, santo varón fundador del opus dei y gran admirador de demócratas de toda la vida.
También es costumbre en esta secta canonizar a personajes por servicios prestados, así que a sus máximos directivos, en vez de jubilarlos y regalarles el consabido reloj de oro, esperan unos añitos más a que mueran de puro viejos y luego los hacen santos. Suele ser necesario, una vez muertos, pulir ligeramente sus biografías eliminando esa paja que no interesa a nadie y resaltando sus virtudes santerísticas, así como las decenas de milagros que en vida no se difundieron, más que nada por ser generalmente personas extremadamente humildes.
Aunque a veces salen voces díscolas y tiquismiquis que pretenden enturbiar ese momento de gloria haciendo pasar al finado por un simple ser humano imperfecto y hasta malévolo.
Ahora le está pasando al antecesor del actual (Biendicho 16), cuyo nombre era Wojtyla hasta que le nombraron director general, momento en el que pasó a ser conocido por Juan pablo 2 (numerar a los papas es otra tradición en la iglesia que Hollywood copiaría luego en sus secuelas más famosas como Aterriza como puedas o Rambo), al que un investigador tocapelotas está intentando amargar su nombramiento como santo por tonterías como olvidar procesos por pederastia, ser coleguilla de personajes como Pinochet, oscuras tramas relacionadas con la banca vaticana, o no tener una biografía tan modélica como nos vendían durante los años del nazismo y su relación con el régimen comunista polaco, amén (nunca mejor dicho) de sus crueles decisiones acerca dela teología de la liberación.
Ya ven la tontería.
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