¿Creen que solo los obispos españoles son, digámoslo con cierto tacto, extravagantes?
Para nada. Tal vez los Rouco, Cañizares y demás nos parezcan los más reaccionarios de Europa por esa fricción continua que mantienen en contra de la realidad social, la higiene mental y las decisiones políticas que emanan de las urnas y no de dictadores bajitos y con voz de pito, pero los adalides de la moral cristiana que pagan a Frederico con nuestros impuestos, no están solos en su idiocia.
También en Alemania, cuna de devotos cristianos como Adolf Eichmann y cuya iglesia tanto contribuyó a defender la ética de Cristo en el periodo nazi, tienen sus propios héroes, el menor de los cuales no es precisamente el que nos ocupa hoy. Nos referimos a (aquí va un redoble de tambores) el arzobispo de Colonia, Joachim Meisner, un señor semidesconocido aquí, pero de gran predicamento entre los humoristas germanos, autor de frases célebres como la que calificaba a la píldora del día después de “instrumento homicida”, o cuando le dio por comparar aborto y Holocausto.
Dicen los que lo conocen y/o sufren con resignación las ocurrencias del arzobispo, que estas cosas le vienen de su apego al opus dei, ya saben, esa secta dentro de la secta, y de cierto tic involuntario que se le ha quedado tras visionar demasiados documentales del nazismo.
Esa versión explicaría la penúltima de monse Meiner, quien no se recató en recuperar el lenguaje tan de moda en los años 30 en su país, a la hora de comentar sus impresiones sobre la nueva vidriera instalada en la catedral de Colonia, diseñada por el afamado Gerhard Richter, considerado como uno de los más importantes pintores del mundo. Por lo visto a monse, no le acabó de gustar el diseño de Richter, y no se le ocurrió otra cosa que declarar que “cuando la cultura se separa de la adoración a Dios, el culto deviene en ritualismo y la cultura, degenera”.
Más o menos lo mismo que decían los nazis sobre el arte contemporáneo de los años 30, al que no se cansaron de perseguir y denostar. El propio Goebbels seleccionó en 1937 obras de artistas como Max Ernst, Paul Klee y August Macke, quienes tenían prohibido desempeñar su oficio, para exhibirlas en una exposición en Munich como ejemplo de lo pernicioso del “arte degenerado” el “entartete Kunst” que decían.
Pero nuestro héroe no solo ha levantado de sus asientos a artistas, políticos, supervivientes del Holocausto y avergonzados cristianos, que va. Para mostrar el rechazo que la obra de Richter le causaba opinó que la vidriera “estaría mejor colocada en una mezquita”, con lo que también ha recogido el aplauso de la comunidad islámica del país.
¿Y, tan horrible es la vidriera para provocar esa reacción del arzobispo? Pues hombre, juzguen ustedes:

a mí no me lo parece, pero vaya si se fija uno mucho, mucho, mucho después de ponerse ciego de manzanilla, a lo mejor termina por encontrar la separación de dios esa que dice monse Meiner. Probaremos y comentaremos, aunque así de entrada… pfssss, pues va a ser que no, pero no adelantemos acontecimientos.
Postdata pregunta: ¿por qué no hacen pasar un test de salud mental a los que ascienden de categoría en estas organizaciones? ¿No se ahorrarían problemas y bochornos?
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