Entrevista en El Mundo: “No me molestaría que mis hijos fueran homosexuales, sólo que no fueran felices. Si fuera alcalde y tuviera que casa a una pareja gay, cumpliría la ley”.
Ahora solo resta saber qué pintaba en las manifas del integrismo católico que clamaba (y sigue) contra los matrimonios entre personas del mismo sexo.
¿Y Rouco (¿Sigfredi?) y Cañete qué dirán ahora? ¿Compararán al adalid de la derecha con Hitler o correrán un estúpido velo?
No se vayan todavía, hasta marzo aún hay más.
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